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Promesa

El día de ayer mi hermano me hizo el enorme favor, cerca de mi media centena, de recordarme una promesa hecha en mi veintena y que he cumplido cuando mucho a medias. Gracias Flaco.

– ¿A donde marchas viajero?
– Yo voy hacia las montañas.
– Eres distinto viajero,
no sigues las sendas planas.

No sabes lo que te espera
camino de las montañas;
allá sólo acampan piedras,
polvo, sudor y lágrimas.

– Ha mucho tiempo he andado
por esas tus sendas planas;
de alfombras de pasto verde
con perlas por las mañanas.

He sido de los que sueñan
con una casita blanca,
una mujer que los ame,
dinero, poder y fama.

– ¿Por qué te marchas, viajero,
entonces a las montañas?
¿Qué te hace dejar tus tierras,
tus sueños y tus mañanas?

– No quiero ser de los poetas
que sólo tienen palabras;
quiero ser de aquellos hombres
que miran, piensan, y callan.

No quiero ser uno más
que vive en las tierras planas;
quiero ser de los viajeros
que suben a las montañas.

Que las carnes se me rompan,
las ropas se me deshagan;
y pobre, desnudo y solitario
quede al fin una mañana;
y el viento anónimo confunda
mis restos con las montañas.

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