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Mostrando las entradas con la etiqueta amor

Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.

Poema–Canción

Quiero escribir un poema que te atraiga a mi lado, como en los tiempos pasados que vivir valía la pena. Quiero cantar una canción que encienda la vieja llama en el centro de mi cama y en el de tu corazón. Y revivir así el amor que nos mantuvo unidos, del universo escondidos, viviendo para los dos. Pero las llagas de la vida, no se pueden esconder, ni ignorar ni deshacer. Son eternas como hidras. Quiero escribir un poema y cantar una canción que alivien mi desazón y disminuyan mis penas. Quiero decirte que mi amor persiste y crece cada día. Seguirá así mientras viva, hasta que muera de dolor.

Mi unicornio

Imagen tomada de SVG Silh . Mi unicornio azul ayer se me perdió, no sé si se me fue, no sé si extravió. Silvio Rodríguez Mi unicornio no se ha ido, si bien hace mucho tiempo que procura estar poco tiempo en casa y pasa la mayor parte del tiempo en ella pastando enfrente de la televisión. Tampoco se ha extraviado, pues algo hay en este espacio que lo atrae, que lo llama desde lejos con un susurro tan bajo que solamente él puede escuchar y entonces camina de regreso, podría decirse que sin voluntad, siguiendo la curva del espacio-tiempo que lo trae de regreso, casi por inercia. El misterio es entonces mayor, porque si no se ha ido y no se ha extraviado, ¿cómo es que no está? Tal vez todo se deba a su naturaleza paradójica —su ser y no ser, estar y no estar, verdadero y falso, positivo y negativo— que lo hace imaginario. Estiro mis manos para acariciarlo y parece escabullirse, pero sigue ahí; le canto y me escucha, pero no lo hace; a veces lo huelo y siento que me mira...

Mi estrella

Un día me encontré una estrella debajo de una escalera, con sus ojitos caídos y mirada de esperanza. La tomé entre mis brazos y le dije que era bella. La cuidé con mi cariño y me gané su confianza. Ella dijo que me amaba y que volara con ella. Yo lo intenté, mas no pude despegarme de la Tierra. Se quedó entonces conmigo llenando mi casa de luz. Me dio dos hijos preciosos, una rosa y otro azul. Ha sido mi noche y mi día, atardecer y madrugada. Mis esquemas, mis teorías se han quebrado en su mirada. Cuando al fin me llegue el día de dejar la vida en Tierra ¡Me van a salir las alas para volar con mi estrella!

Que no quede huella

Que no quede huella del amor que ahora me hiere. Que se acabe ya el dolor que ahora me mata. No tiene caso vivir como si fuere con el corazón atorado en la garganta. ¡Basta ya de cargar con esta piedra en la que se convirtió nuestro cariño! Esta tristeza que me atrapa como hiedra que me ahoga en un rincón y me hace llorar igual que un niño.