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Mostrando las entradas con la etiqueta muerte

Cottish

  El pasado lunes 21 de febrero de 2022, a la edad de doce años y dieciséis días, murió Cottish, amo y señor del Condominio Santa Mónica y sus alrededores —según él. Un schnauzer mini, lanudo y algo chaparro —‘!Tiene chinos!’ Dijo alguien al verlo— que, sin embargo, no distinguía entre su tamaño y el de otros perros, ¡y menos si eran perras! Recuerdo cómo se cansaba persiguiendo en el parque a dos perras de raza Gran Danés que vivieron por este rumbo unos meses. Como amo y señor del condominio y sus alrededores, mantenía una vigilancia estrecha de sus terrenos, aunque de vez en cuando descansaba en su jardín privado. Con el tiempo, su sueño se cumplió, pues llegó una perra a la casa, a la que mi hijo nombró Hera, como la esposa de Zeus en la mitología griega. Por supuesto, Cottish apreció la alusión a su parecido con  Zeus —aunque fuera solamente por la barba— pues para él ella era su perra. Los dos se enfermaron de erliquiosis, una infección de la sangre producida por el par...

Muerte

La Calaca lo miraba, lo miraba, mientras él sólo reía, se reía; pero el tiempo caminaba, caminaba, sin remedio todavía, todavía. Así llegó el tiempo que temía, que temía. La Flaca se acercó, sigilosa todavía. Él dejó de sonreír, porque pensaba que había llegado el fin que imaginaba. Ella entonces lo cogió por la cintura y lo miró a los ojos, con dulzura. Se fueron así, caminando despacito, eternamente al infinito, infinito, infinito...

Desde la banca

La veía todas las semanas, sentada en la banca mientras su hijo jugaba futbol americano y su hija corría por todo el campo como estrella fugaz. El tiempo parecía caminar despacio a su alrededor, como si no quisiera hacer ruido, no alterar la placidez que ella inducía en la brisa fresca de la tarde, que hacía murmurar los árboles. Ni siquiera la férula en turno parecía cambiar las cosas; ni lo hicieron su embarazo ni su bebé, que dormía a su lado en su cuna portátil. Era como una puerta abierta al campo en medio de la ciudad. Me enteré que se cayó y que la caída le quitó las fuerzas para vivir. Quizás la férula en turno hubiera sido demasiado grande y demasiado rígida. Tal vez el dolor fue insoportable. Quizás simplemente se dejó llevar, para no alterar el orden del Universo. Ahora el tiempo corre deprisa, como si no hubiera nada que lo hiciera detenerse en esa banca. El ruido y el silencio, coludidos, borran nuestras memorias. La puerta se ha cerrado y la ciudad reclama su espacio.

Cinco muertos y un edificio

La investigación de cinco personas desparecidas (cuatro jóvenes y un adulto) en la ciudad de Guadalajara, en diciembre del año pasado, llevó al hallazgo de los cinco cuerpos enterrados en las instalaciones de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). Las pesquisas llevaron a unos cuantos jóvenes miembros de la FEG que habían ayudado en la tarea de acarrear y enterrar a las víctimas, aún con vida, y luego los autores de los crímenes fueron identificados y uno de ellos (Gerardo Flores Gómez, alias “El Tatuado”) se entregó en febrero de este año, para luego morir misteriosamente a las pocas semanas. La importancia de esta serie de acontecimientos, dada su horrible crudeza por la nociva participación de jóvenes en ellos, así como por la historia de la FEG y sus vínculos con numerosos personajes públicos en la ciudad y el estado, me llevó a definir una alerta en Google de modo que hasta la fecha recibo avisos de noticias que involucran a la FEG. Solamente para darme cuenta cómo ...

Fe de Año Nuevo

Primeros minutos del Año Nuevo. La juventud resistió a la solemnidad y se fue a quemar al Año Viejo, cargado de cohetes. Después vinieron los abrazos, en la calle, efusivos. Finalmente fue el momento del brindis y de dar gracias a Dios por un año más, por lo bueno y por lo malo. De encomendarle al Padre el alma de nuestro padre y externar así nuestra Fe. Ante el rostro profundamente triste de mi madre, escuchando las palabras aleccionadoras de mi hermana menor y rodeado de hijos y sobrinos absorbiendo el momento, expuestos a nuestras miradas, nuestros gestos y nuestras palabras, fue quizás el momento de decirlo. De brindar alternativas. El 19 de marzo del año pasado murió mi padre. Los billones de neuronas en su cerebro resistieron por algunos segundos, sosteniendo millones de disposiciones químico-biológicas sobre las cuales estaba construida la personalidad de mi padre, sus deseos y sus amores, sus prejuicios y sus resignaciones. Sin oxígeno, los pulmones desechos, ...