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Desde la banca

La veía todas las semanas, sentada en la banca mientras su hijo jugaba futbol americano y su hija corría por todo el campo como estrella fugaz. El tiempo parecía caminar despacio a su alrededor, como si no quisiera hacer ruido, no alterar la placidez que ella inducía en la brisa fresca de la tarde, que hacía murmurar los árboles. Ni siquiera la férula en turno parecía cambiar las cosas; ni lo hicieron su embarazo ni su bebé, que dormía a su lado en su cuna portátil. Era como una puerta abierta al campo en medio de la ciudad.

Me enteré que se cayó y que la caída le quitó las fuerzas para vivir. Quizás la férula en turno hubiera sido demasiado grande y demasiado rígida. Tal vez el dolor fue insoportable. Quizás simplemente se dejó llevar, para no alterar el orden del Universo. Ahora el tiempo corre deprisa, como si no hubiera nada que lo hiciera detenerse en esa banca. El ruido y el silencio, coludidos, borran nuestras memorias. La puerta se ha cerrado y la ciudad reclama su espacio.

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