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Muerte


La Calaca lo miraba, lo miraba,
mientras él sólo reía, se reía;
pero el tiempo caminaba, caminaba,
sin remedio todavía, todavía.

Así llegó el tiempo que temía, que temía.
La Flaca se acercó, sigilosa todavía.
Él dejó de sonreír, porque pensaba
que había llegado el fin que imaginaba.

Ella entonces lo cogió por la cintura
y lo miró a los ojos, con dulzura.
Se fueron así, caminando despacito,
eternamente al infinito, infinito, infinito...

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