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Mi estrella

Un día me encontré una estrella
debajo de una escalera,
con sus ojitos caídos
y mirada de esperanza.

La tomé entre mis brazos
y le dije que era bella.
La cuidé con mi cariño
y me gané su confianza.

Ella dijo que me amaba
y que volara con ella.
Yo lo intenté, mas no pude
despegarme de la Tierra.

Se quedó entonces conmigo
llenando mi casa de luz.
Me dio dos hijos preciosos,
una rosa y otro azul.

Ha sido mi noche y mi día,
atardecer y madrugada.
Mis esquemas, mis teorías
se han quebrado en su mirada.

Cuando al fin me llegue el día
de dejar la vida en Tierra
¡Me van a salir las alas
para volar con mi estrella!

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Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.