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La foto

Tengo una foto de mi hijo en mi computadora que todos los días me mira cuando la enciendo, me obliga a pensar sobre lo que soy y lo que quiero ser y me provoca hacer algo distinto, o lo mismo de forma diferente. Hoy simplemente quiero agradecer.
Gracias hijo por ser quien eres. Por haberme hecho sentir tan grande y últimamente tan pequeño. Por tu mirada inquisitiva y tu crítica inocente, tan dura y tan amorosa a la vez. Por compartir conmigo sin querer y dejarme ver el fondo de tu corazón. Porque sé que estás ahí y cuando llegue el día me abrazarás y me dirás que me quieres. Porque tengo la esperanza que estés ahí cuando yo haya partido, me recuerdes y pienses que, a final de cuentas, no he sido tan mal padre. Porque mi andar será tu andar, mi pensar tu pensar y mi sentir tu sentir. Porque algún día tendrás un hijo, lo tomarás de la mano y le hablarás de mí.

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Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.