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Ella corre feliz

Son como las nueve y media de la noche en la intersección de las avenidas Adolfo López Mateos y Mariano Otero. Regreso cansado a casa; me detengo y espero a que el semáforo se ponga en verde.

Ella trata de vender sus mazapanes al conductor del auto delante del mío, sin conseguirlo, y se encamina hacia mí. Tiene como once años y me inspira tristeza, mi cansancio de adulto reflejado en el trabajo nocturno de una niña.

—¿Me compra un mazapán?
—¿A cómo los das?
—A tres por diez, ya para irme.

Saco dos monedas de cinco pesos de mi bolsillo y se las doy. Ella me entrega los tres mazapanes que quedan en su caja.

Empieza a caminar. El semáforo está en verde y avanzo. Ella corre y brinca. Volteo y alcanzo a ver una sonrisa en su rostro. Mi cansancio desaparece y mi corazón se llena de algo que lo hace muy sensible.

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