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La rosa y la espina

Imagen tomada de SVG Silh.
Nunca más la rosa
se acercará a la espina,
después de haber sido herida
de forma tan dolorosa.

Inclinará la cabeza
para observarla a lo lejos
mirándose en el espejo
y apreciando su belleza.

Cuando la rosa muera
comprenderá al fin la espina
que era voluntad divina
que su pareja fuera.

Los pétalos voladores
le anunciarán su muerte
y yacerá, fría e inerte,
mirándolos alejarse
y no podrá ni acordarse
que le hicieron los amores.

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Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.