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Herrumbre

Ayer tomé tu mano mientras dormías
y dormí profundamente, como un niño.
Sentí que me cargabas de energía
que surgía de tu calor y mi cariño.

Ayer miré tu rostro que dormía
e imaginé que soñabas con nosotros.
Mi esperanza no ha muerto todavía
de revivir llamas de tiempos otros.

Me dicen que no es más que cobardía
lo que mantiene mi corazón en vilo,
entre un amor que parece más costumbre

y la libertad de seguir por mi camino.
Más yo sigo buscando entre la herrumbre
aquel amor, que sigue vivo, todavía.

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Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.