¿Cuándo se romperá, si un día, el hechizo
que anidado en nuestras frentes se mantiene,
nutrido por aquello que la vida hizo
con nosotros, bien al azar o adrede?
¿Será que volveremos a mirarnos
con alegría en los ojos y los labios?
¿Cuándo podremos, finalmente, abrazarnos,
libre el corazón de humores ácidos?
Extraño tanto la niña de mis ojos,
la mirada de ilusión que me ofrecía,
el orgullo con el que a mi lado andaba.
Le cuesta tanto creer que yo la amaba,
que mi corazón de amor por ella ardía
tanto como hoy se consume en sus enojos.
Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.
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