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La coincidencia de las marchas

Las coincidencias existen, pero son tan raras que por eso llaman particularmente la atención cuando ocurren. En esta ocasión, coincidieron dos marchas con propósitos de protesta pero contra cosas distintas: la Marcha Yo Soy 132, para protestar en contra de la imposición y de la manipulación de información y apoyo descarado de los medios masivo de comunicación a Enrique Peña Nieto (EPN), y la Marcha por la Paz, convocada por el rector de la UDG en protesta por los asesinatos de miembros de la comunidad universitaria.

Más curioso aún es que en las dos marchas participaron estudiantes. De hecho, si la Marcha por la Paz no hubiera tenido lugar la probabilidad de que los estudiantes de la Universidad de Guadalajara se hubieran sumado a la Marcha Yo Soy 132 era alta.

Entonces uno se pregunta si la marcha convocada por el rector de la UDG no fue otra cosa que una distracción para evitar que los estudiantes de la UDG protestaran en contra de EPN. Porque las coincidencias son tan raras que muy pocas veces son las respuesta correcta a preguntas que se responden mejor con buenas razones.

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Por la mañana

Escucho el ruido de la escoba barriendo las hojas secas del guayabo y me preguntó ¿serás tú? Atisbo por la ventana y te veo, con tu pelo negro y alaciado, relativamente corto, tu blusa sin mangas, tus pantalones cortos y tus sandalias, limpiando el espacio frente a nuestra casa en una mañana que inicio fresca y poco a poco va entrando en calor. La sombra del guayabo te cobija, dejando pasar el brillo del sol solamente en pequeños trozos que se dedican a acariciarte. Me dan ganas de salir al balcón para verte bien, abiertamente; para que mi subconsciente te huela y el tuyo tome conciencia de mi presencia, voltees a verme y establecer así el principio de una conversación que pueda llegar lejos, llenar el día de frescor y hacerme feliz. Mas no lo hago. Solamente regreso a mi computadora a escribir esto.

Mi pluma

 Llené mi pluma de tinta y se me antojó escribirte algo. Algunas frases bonitas; todas dulces, nada amargo. Que tus cejas son hermosas y tus ojos muy bonitos. Que tu boca me provoca darte un beso, aunque chiquito. Que el olor de tu cabello me despierta los sentidos y cuando bajo por tu cuello mi voluntad ya he perdido. Mi pluma tiembla en mis manos que buscan rozar tu piel. Dejo al fin, enamorado, mi corazón en papel.