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Ella y yo


Ella duerme a la sombra junto a la llanta del auto y yo la miro desde detrás de la reja y el mosquitero de la casa. ¿Quién está en mejores condiciones? Ella, callejera recién llegada, amarrada afuera, con su olor de celo penetrando el pequeño patio y esparciéndose por todo el coto y los alrededores, o yo, el perro mimado de casa, empapado de su olor e incapaz de acercarme a ella, lamerle las orejas y limpiarla toda, toda, toda.
Ellos no me entienden. Dicen que estoy obsesionado con ella porque no me separo de la reja, porque me la paso buscándola con la mirada y encontrándola con el olfato que me dice que sigue ahí, un poco más allá, siguiendo la sombra estrecha del ciprés. Me dejan salir de vez en cuando, para que nos conozcamos, para que no haya animosidad, para que ella no se ponga celosa porque yo estoy adentro y ella afuera. ¡No tienen idea!
Yo no sé qué voy a hacer el día que se vaya. Porque se va a ir, como callejera que sigue siendo a pesar del baño, la desparasitación, el collar, la correa, la comida y los mimos. Se va a ir, dejando las paredes del pequeño patio frente a la reja y el mosquitero empapados de su olor, que quedará esparcido por el coto y a lo largo del camino que la lleve a otro lugar.


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